10, 100, 1000 cabinas gratuitas

Todas las personas deben tener el derecho a poder comunicarse, al uso y disfrute de las nuevas tecnologías y los avances sociales no deben depender de su capacidad económica, ni de su sexo, su raza, ni su país de procedencia.

Por eso hace casi dos años y medio, en la calle Acuerdo, decidimos arrancar un experimento tecnológico. Instalar una cabina gratuita que, mediante el uso de nuestra conexión a internet y utilizando material reciclado, permitiera hacer llamadas nacionales e internacionales sin ningún coste. De momento son más de 10.000 llamadas realizadas habitualmente por vecinos (con y sin techo), estudiantes, turistas, asociaciones vecinales y un sinfín de personas a título individual.

Por eso decidimos volver a instalarla en Pez 21. Sin embargo, antes de que pudiéramos arrancar el servicio de llamadas internacionales, tres miembros del cuerpo nacional de policía se presentaron el lunes 14 de Junio a las 18h ante la cabina telefónica vecinal. Asustados ante tan peligroso artefacto gratuito, decidieron arrancarla violentamente de la pared con sus propias manos produciendo numerosos daños para, posteriormente, tirarla en un contenedor de escombros.

No contentos con los destrozos exteriores y bajo amenazas, los agentes entraron en el edificio para dañar el resto de la infraestructura, arrancando parte del cableado ante la imposibilidad de acceder a la centralita (un viejo ordenador casero reciclado de la basura al que se le instaló un software libre llamado “Asterisk” que sirve para hacer centralitas telefónicas).

Sin embargo la cabina vuelve a estar operativa porque, en cuestión de horas y con bastante trabajo, varios vecinos arreglaron los destrozos en las paredes y volvieron a colocarla en su sitio, reparando también los daños interiores. Una buena oportunidad para activar el servicio de llamadas internacionales, que ahora vuelven a estar disponibles para todos los vecinos y curiosos. Si vuelven a destruirla, la volveremos a montar. Si 1000 veces la rompen, 1000 la reconstruiremos. Porque aunque algunos no quieran escuchar, otros seguirán hablando. Y gratis.

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