10 Cosas Sobre la Acción en la Capilla de Psicología
1.- A lo largo de los últimos tres años hemos visto como las instituciones eclesiástica de nuestro país atacaban de forma sistemática el derecho de las mujeres a abortar, es decir, el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. El derecho a que dos personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio si lo desean, es decir, el derechos a vivir la sexualidad y la afectividad en libertad. Es decir, en los últimos años, la Iglesia ha seguido intentando hacer lo que la Iglesia hace: gobernar nuestro cuerpo y nuestra mente, imponiendo un modelo de familia y costumbres a la totalidad de la sociedad a partir de las creencias de una parte.
2.- Mientras tanto, en un contexto de grave crisis económica, nuestros impuestos siguen teniendo una parte destinada a la Iglesia, sea cual sea nuestra opción religiosa o nuestras creencias, si es que tenemos alguna.
3.- Los intentos por gobernar las formas de vida de los millones de personas que escapamos de su estrecha concepción de la identidad son un fracaso evidente. No consiguen ni conseguirán modificar un ápice las ansias de expresión en libertad de gays, lesbianas y transexuales. Ni consiguen ni conseguirán que las mujeres sigamos reapropiándonos de nuestra sexualidad, de nuestro cuerpo y de nuestras vidas. Ni consiguen ni conseguirán evitar que la familia tradicional se disuelva como un azucarillo en un mar de formas de querer y de cuidar que escapan a su control.
4.- Sin embargo, sabemos que la mayor parte de las campañas puestas en marcha desde la Iglesia y sus medios de comunicación afines tienen una motivación fundamentalmente económica y fundamentalmente política. Se trata, básicamente, de conservar una cuota de poder y movilización que les permita seguir manteniendo los privilegios materiales con los que cuentan desde el franquismo. Privilegios que no tienen sentido ni siquiera desde el punto de vista religioso. Más en un estado cada vez más pluricultural y plurireligioso.
5.- Una parte de esa herencia franquista es la presencia de capillas en una institución laica y autónoma como es la universidad pública. Una herencia derivada de los intentos por controlar la presencia de formas de resistencia activa al franquismo durante la transición y también por imponer una presencia religiosa en un ámbito científico, laico, dónde no reina Dios, sino el conocimiento y los saberes. Ese conocimiento que la clase política al completo (y en la Comunidad de Madrid el Partido Popular en concreto) se ha preocupado de endeudar y privatizar.
6.- El pasado día 10 de Marzo un grupo de unas cincuenta mujeres se manifestaron en el interior de la capilla que se encuentra en la Facultad de Psicología de la universidad complutense. Esa ocupación temporal y simbólica de un espacio de rito situando en un territorio laico se contextualiza en los puntos anteriores. Tan solo ocho días después cuatro estudiantes han sido detenidos. ¿Qué ha pasado?
7.- Ha pasado lo siguiente: Una derecha mediática que impone agendas políticas de manera sistemática a todos lo que escuchan sus cacareos. Es decir, una izquierda impotente, llorica y acobardada incapaz de defender una de las bases fundamentales de su pensamiento político, es decir, el laicismo: Es decir, la universidad.
Esa izquierda que, en la universidad, ha dedicado la semana pasada a decir que “no son formas” que “habrá que investigarlo” y a hablar de tolerancia es tan responsable de lo sucedido como la derecha mediática y el sindicato Manos Limpias con sus denuncias.
8.- Ambas actitudes se entienden si pensamos que en las próximas semanas habrá elecciones a rector. A la derecha le interesa un escándalo para demostrar el desgobierno. Y la izquierda cree que le interesa el perfil bajo y esperar a que escampe.
9.- Hoy, cuatro estudiantes son detenidas para ser interrogadas. Mientras tanto, organizaciones de extrema derecha organizan una “misa de desagravio” en la capilla, que no tiene problemas en recibir con brazos abiertos a una organización racista y xenófoba como España 2000.
10.- Nos gustaría poder expresar solidaridad con las personas detenidas, pero no podemos. No podemos porque la solidaridad es algo que se le da a otro que no eres tú. Y las personas que entraron en esa facultad son nosotras y nosotros. Su lucha es la nuestra.
También porque la solidaridad suele extenderse a las víctimas y esos estudiantes no tienen nada de víctimas, ni siquiera cuando los detienen y persiguen. Ni siquiera cuando los profesores y profesoras de sus facultades miran, mayoritariamente, hacia otro lado. Ni siquiera cuando el rector de su universidad reconoce en una entrevista que, a pesar de que cree que no debería haber capillas en las universidades, en todo su mandato no ha hecho nada por evitarlo. No son víctimas, son la expresión de una potencia. La potencia de las mujeres, de los gays y las lesbianas, de los investigadores y científicas. La potencia de quién no agacha la cabeza mientras quienes le piden tolerancia impiden que pueda vivir la vida que quiera y la sexualidad que quiera.
Patio Maravillas.

¿no se os ha olvidado una gran cosa en todo esto? FEMINISMO ¿tanto cuesta escribir esta palabra?)