#ElPatioenlaJunta, crónica de una acción de protesta (con éxito)


Nota completa: cuartopoder.es

Habían pedido una reunión con el Ayuntamiento de Madrid de manera insistente por la vía legal. No recibieron respuesta. Al otro lado sólo había silencio institucional. De la Justicia, por contra, sí que recibían novedades. La empresa Nivel 29, propietaria del edificio de Pez 21 donde funciona el Patio Maravillas desde hace 4 años y medio, interpuso una demanda por la vía penal contra los ocupantes del espacio. Los quieren echar de nuevo. Como ya sucedió en 2010 cuando fueron desalojados de la calle Acuerdo, su primera casa.

Por eso la acción de este miércoles. Para concertar una reunión con el Ayuntamiento y tratar de encontrar una solución que contente a todas las partes y garantice la continuidad del patio. Evitar un desalojo y una nueva ocupación. Hasta hoy había sido imposible contactar con los representantes públicos. Por eso, desde el Patio se ideó una acción: okupar el hall de la Junta Municipal del Distrito Centro hasta que el concejal David Erguido Cano se reúna con ellos o les dé fecha para una futura reunión. Objetivo conseguido. La reunión será este viernes a las 12 horas.

Todo comenzó alrededor de las 11 horas en la plaza de Ópera. Era el punto de encuentro acordado. La excusa: ser un grupo de turistas. Tras unos minutos de espera, un joven coge su paraguas, lo abre y lo levanta lo más alto posible. “Estamos en la plaza de Ópera y allí están los jardines del Palacio Real”, bromea. El grupo lo sigue. A las 11:50 el nutrido grupo de activistas llega a las dependencias de la Junta Municipal de Distrito Centro. En apenas unos segundos el pequeño pasillo que hace a la vez de hall se llena de activistas que despliegan rápidamente su pancarta: “Defiende Patio, Construye Madrid”.

“Tranquilos, venimos sólo a pedir una cita para poder hablar con el concejal”, explica una representante a la funcionaria municipal, que inmediatamente llama a su superior. La Policía mira atónita. Ocho agentes municipales se aglomeran en la puerta. “Señora, esto no se puede hacer. Sé que quieren una reunión, pero entrar así…”, conversa uno de ellos con una activista. “Sólo queremos una reunión. Después nos vamos. La hemos pedido de la manera legal, pero no nos hacen caso”, le explica la activista al policía.

La conversación no va a más. Los policías se limitan a pedir a los activistas que no pongan carteles en la pared. A las 11:57 una joven, megáfono en mano, denuncia la situación que sufre el Patio Maravillas y reitera que el único objetivo es conseguir una reunión con el concejal. Algunos trabajadores comienzan a mirar con sorpresa. “¡Juan! ¡Has vuelto de vacaciones! ¿Qué tal? ¿Cuánto tiempo has estado?”, interroga uno a otro. “Bien, bien. He estado tres semanas pero ya sabes que se hace corto siempre”, contesta el aludido. Pasan dos trabajadores más por delante de los activistas. “Ella es el concejal, pero se ha disfrazado”, bromea.

Salsa en la Junta

A las 12:01 los activistas del Patio Maravillas anuncian que comenzarán a realizar algunas de las ochenta actividades que se desarrollan en el patio social. Toca bailar salsa. La profesora va la primera. El resto le siguen como puede. Se nota que no habían acudido al taller antes. Después llega la hora del yoga. Son las 12:08 y el profesor explica a sus alumnos cómo respirar y comienza con las primeras posiciones de estiramiento. “Estas son algunas de las cosas horribles que hacemos en el Patio”, bromea una activista con un funcionario.

Ocho minutos después, a las 12:15, baja un representante de la Junta Municipal. Daban su brazo a torcer y habría reunión con el concejal. Hoy, imposible. El viernes a las 12:00 horas. A las 12:17 ya está todo solucionado. La treintena de activistas sale del edificio de la Junta Municipal tras un aplauso por el éxito cosechado. Ha sido relativamente fácil. Una pregunta que queda en el aire, formulada por una activista en su conversación con el representante del concejal: ¿Hace falta montar una perfomance para conseguir que un representante público se reúna con sus representados? La respuesta parece lógica. No debería hacer falta. Sin embargo, la práctica dice que sí, que era necesario. Que en este país un representante político se reúna con sus representados es más la excepción que la norma. La lógica vuelve a indicar que debería ser al revés. Por eso, de momento, sigue haciendo falta una performance.

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