Por la autogestión: defendamos nuestra ciudad


Seguramente Madrid, como toda gran ciudad, sea un territorio ingobernable. Seguramente su carácter conflictivo e inacabado sea lo que nos enamora de ella. Una ciudad por definición es un espacio de conflicto, un lugar en el que se cruzan miles de miradas, de intereses, de personas, un lugar que no merece la pena ser vivido si no es desde el deseo y la pasión por transformarlo.

Hace poco más de un mes, vecinas y vecinos de Madrid al grito de “Madrid no se vende” iniciaban uno de los procesos políticos más interesantes que ha vivido nuestra ciudad en los últimos años. Un proceso que se iniciaba con un momento de ruptura, con un momento de desobediencia constituyente. Por primera vez desde que el PP perdió las elecciones se tomaba un espacio de titularidad municipal para la construcción de un centro social. Lo que ha venido ocurriendo en el edificio de la calle Gobernador desde el día 6 de mayo pone sobre la mesa dos cuestiones fundamentales que desde el Patio Maravillas queremos señalar.

La primera es el expolio del común que durante casi 10 años venimos denunciando en nuestra ciudad. El caso Ambasz no es sólo un ejemplo más de cómo el amiguismo y el clientelismo nos han despojado de nuestro patrimonio: creemos que es un caso paradigmático de cómo se ha gestionado la ciudad en los últimos años de gobierno del Partido Popular. Mucho se ha escrito sobre este tema en las últimas semanas, pero no podemos dejar de recordar que el último gobierno de Ana Botella no sólo regaló en forma de cesión a 75 años este edificio a su amigo Ambasz, sino también nuestra penúltima sede en el edificio de Divino Pastor -que pasó de manos públicas a un fondo buitre muy por debajo de su valor y que actualmente será convertido en pisos turísticos con el beneplácito del gobierno municipal-, el edificio de Corredera 20 y Barco 39 y tantos otros. 

La segunda es la enorme necesidad de espacios sociales autogestionados. La ausencia del Patio Maravillas como infraestructura del común en Madrid no ha servido a nuestros detractores para borrarnos del mapa. Más bien se ha sumado a la desafección y desilusión hacia la actual coyuntura política, ha propiciado el desborde alegre y desobediente que se da hoy en La Ingobernable y en las calles de Madrid. Las ganas, la legitimidad y la fuerza de las ideas nunca se desalojan.

El Patio lo celebra

Celebramos este mes de La Ingobernable y deseamos que vengan muchos más aniversarios. La Ingobernable puede ser ese común urbano que tanto necesita nuestro centro, un centro gentrificado y turistizado que nos asfixia día a día en un proceso imparable que nos expulsa de un territorio que es de todas. Y precisamente de todas y de nadie debe ser ese edificio, un edificio del común que fuera de las lógicas del mercado no pueda ser malvendido ni cedido por ningún gobierno, sea del signo que sea. La situación del edificio (propiedad municipal) es una oportunidad para avanzar en la construcción de nuevos marcos normativos que reconozcan la especificidad y singularidad de los centros sociales como parte fundamental del capital social de nuestras ciudades. Nos reafirmamos en lo que dijimos hace casi 10 años al abrir el Patio en la Calle Acuerdo: “nuestro objetivo es que la gente pueda encontrar herramientas para organizarse, componerse en común y expresarse por sí misma”.

En Madrid, el que se dice gobierno del cambio puede y debe abordar esta cuestión como ya han hecho otras muchas ciudades en Europa. El reciente marco jurídico de Nápoles, por poner solo un ejemplo, nos recuerda que sí se puede. Ser una ciudad moderna y avanzada no significa acabar con la okupación, significa apostar por una ciudadanía activa y fomentar espacios horizontales para la construcción de democracia y prácticas políticas que pongan en el centro la vida. Significa abordar la necesidad de territorios del común como son los espacios autogestionados: solares y centros sociales que sin tutelas de ningún tipo se autogestionan y enriquecen enormemente la vida de nuestra ciudad.

Las directrices de cesión de espacios, propuestas por el Área de Coordinación Territorial del Ayuntamiento, de poco valen si pretenden ajustar la realidad social que suponen los centros sociales a una regulación diseñada para otro tipo de organizaciones. Este tipo de regulaciones no sirvieron al Patio Maravillas y creemos que de poco servirán a La Ingobernable si no generan nuevos marcos que reconozcan y promuevan estos espacios del común, como ya han hecho numerosos países europeos y territorios del Estado.

En el primer mes de existencia de La Ingobernable lo que más nos ha alegrado ha sido ver que algo había cambiado en la mirada de las compas con los que nos hemos cruzado allí. Unas miradas que volvían a estar llenas de pasión y de deseo, unas miradas en las que se refleja el horizonte de esa otra ciudad con la que soñamos, unas miradas que solo se ven cuando la desobediencia constituyente brota en la ciudad 

Desde el Patio Maravillas celebramos que ese Madrid rebelde y consciente ya tiene un nuevo territorio. Porque es precisamente el territorio lo que nos permite estar juntas, compartir, cooperar y conspirar para vivir una vida que merezca la pena ser vivida. Y que no se olviden, como dicen nuestras hermanas de la Casa Invisible de Málaga, si se empeñan en mandar desobedeciendo, nos tendrán ingobernables. 

En soledad nos quieren en común nos tendrán.

10, 100, 1000 centros sociales. 

Patio Maravillas , junio de 2017

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