Vivimos en una ciudad al borde de la quiebra. Endeudada bajo una colección de infraestructuras costosísimas para hacernos candidatos a unas olimpiadas que no necesitamos y que son pagadas a costa de la precarización de nuestras vidas. A costa de nuestros servicios públicos. A costa de un modelo de gestión urbanística dónde la especulación campa a sus anchas. Con calles llenas de pisos vacios y a gente que no tiene dinero para pagar sus alquileres o sus hipotecas. Un escaparate caro, que supone el cierre de las dotaciones sociales y culturales, que se lleva por delante desde los servicios sociales, a las pequeñas salas de conciertos. Un escaparate lleno de cámaras de video-vigilancia, con las que personas migrantes son identificadas y sometidas a una enorme violencia y control cotidiano. Donde hasta la identidad sexual de cada cual es parte del escaparate. Hoy, ser mujer con plenos derechos o gay o transexual depende de si te lo puedes permitir económicamente o no.
Pero vivimos también en una ciudad que no se rinde, que se resiste, que se rebela y hoy hemos salido a señalar el auténtico centro de esa ciudad. Hemos venido al Kilometro cero de esa especulación, para
convertirlo en un kilometro cero de rebeldía. El Patio Maravillas es parte de esa rebeldía. Un centro social ocupado en el barrio de Malasaña que lleva dos años construyendo día a día un modelo distinto de ciudad. Es un ejemplo minúsculo en una ciudad enorme. Una iniciativa modesta que, junto a otras iniciativas y otras experiencias en otros muchos barrios, reclama el derecho a una vida digna.
Las autoridades municipales, responsables de éste modelo de gestión urbana y de este endeudamiento que pagamos entre todos y todas, tienen la responsabilidad y la obligación de abrir mecanismos de interlocución con todas aquellas experiencias que quieren una ciudad diferente. La especulación y el cierre de dotaciones sociales no es un asunto privado entre dos partes. Madrid no cabe en una marca. Madrid son muchas ciudades.
Hoy, desde el centro de esta ciudad rebelde, lanzamos un mensaje claro: “Tenemos otra Corazonada: El Patio no se cierra y con Madrid no se especula”


